Un Gran Premio universal

Que bonito número, 2017, que bonito número para que siga la magia. La magia, ese encanto, ese hechizo que es fruto de los astros. De los astros y del trabajo. Del trabajo de varias generaciones de entregados miembros y voluntarios del Motoclub Bañezano. Mucho esfuerzo ha habido y mucha magia se ha creado a base de tesón y fe en un acontecimiento cultural y motociclista, para que lo que ya se fraguaba hace unas cuantas décadas siga fraguándose hoy en día.

No fue fácil mantener, a lo largo de los años, lo que tan heroicamente empezaron aquellos pioneros del Motoclub Bañezano. Lo saben bien las calles de La Bañeza. Saben el esfuerzo que han hecho algunas personas para que este evento despegase y para que no decayese cuando la mayoría del resto de circuitos urbanos de la geografía española iban desapareciendo. Hoy el milagro está obrado y las motos siguen rodando. Y los miembros, voluntarios y colaboradores del Motoclub Bañezano siguen esforzándose para ello. Los amantes y aficionados del circuito bañezano hemos de estar muy agradecidos por todo ese esfuerzo de muchos años.

60 años hace de este cartel en que a algunos socios del Motoclub Bañezano aún nos faltaban unos cuantos años para nacer.

Me gusta el número 7. En 1977 el circuito urbano bañezano fue por primera vez puntuable para campeonatos nacionales en la época en que el público vibraba con el Super 7 del Jarama, cuando en el madrileño circuito se celebraba el Gran Premio de España. Sí, me gusta el 7. Después del Circuito Motorista Bañezano de 1954, las calles de La Bañeza no vieron esa segunda edición del Motoclub Bañezano hasta 1957, año en que puede decirse bien alto que ganó en La Bañeza Manuel Iglesias, el gran “Cachorro” de Salamanca, mecánico puro, piloto puro, pura alma.

Cachorro posa fumando satisfecho junto a la Ducati de su rival deportivo Carlos del Val, que recibe un trofeo. En La Bañeza todos los pilotos ganan. Del Val había pilotado un sidecar junto a su hermano en La Bañeza pocos meses antes del momento de esta instantánea.

Sí, me gusta el 7. Me gusta que la recta de meta del Barrio San Julián ha vuelto a ver al director de carrera del Motoclub Bañezano dando banderazos de cuadros en 2017. Sesenta y tres años después de su nacimiento oficial y seis décadas después de aquella carrera maravillosa de 1957, el Motoclub Bañezano ha celebrado precisamente su edición número 57 de ese espléndido Circuito Motorista Bañezano; ése que la propia afición ha clamado en bautizar Gran Premio de La Bañeza. Fue, por cierto, principalmente por eso que la película documental que habla de su historia se titulase “El Gran Premio de La Bañeza”, porque esa marca la ha creado la propia afición; y la marca que crea la afición es la marca del espíritu de un evento, muy lejos de tácticas de mercadotecnia o similares.

Sesenta carreras de motocicletas han visto las fiestas patronales de La Bañeza desde que en 1952 unos genios pusiesen en escena la primera de ellas. Sesenta carreras en agosto y alguna exhibición espontánea en pleno otoño, como la de los hermanos Del Val (Carlos y Demetrio), que venían con toda su parafernalia de participar en las carreras de las fiestas de San Froilán en Lugo. Volvieron a La Bañeza en el año 2004 para celebrar las bodas de oro del Motoclub Bañezano.

Demetrio y Carlos del Val calentaron el otoño bañezano en 1956 y en 2004 atizaron aún más el verano. Cuando Carlos (quien lleva el manillar en la imagen) corrió en 1957, difícilmente podría imaginar que en el siglo XXI la magia seguiría tan viva.

Sidecares han vuelto a rodar por el circuito urbano bañezano seis décadas después. De nuevo a modo de exhibición y acompañados por otras joyas motociclistas, que ha sido un lujo ver rodar en La Bañeza. Fue una de las joyas del cartel del evento de este año. Hubo exhibiciones y homenajes muy sentidos. Porque La Bañeza – La Bañeza verdadera – no olvida a ninguno de sus pilotos y colaboradores. Lo saben bien sus pasos de cebra, sus farolas, sus balcones…

Hubo – decía – homenajes, a ángeles como Rivas y Mella y, por clamor popular, al ángel más laureado del motociclismo español, Nieto, al que una vez dije en persona que me encantaría verle en un descapotable dando una vuelta por el actual circuito de La Bañeza (que no discurre por las mismas calles en que él ganó en 1968). Quería verle recibiendo el cariño de la afición bañezana. ¡Y vaya si lo ha hecho! Lo ha hecho a través de sus hijos.

Los hijos de Ángel Nieto recibieron el cariño del público bañezano subidos a un descapotable y siguiendo los rugidos de una Derbi de 50cc, similar a aquella con la que su padre ganó su primer campeonato del Mundo al año siguiente de ganar con una Derbi 125cc en La Bañeza.

Y hubo, por supuesto, carreras. Ni la década de los años 80 ni la de los 90, ni el nuevo milenio acabó con las carreras del circuito urbano de La Bañeza. El Motoclub Bañezano no lo permitió, aunque en distintos lugares de España se construyesen pistas de competición. Hoy el Gran Premio de España ya no puede verse en el Super 7 del Jarama, sino en Jerez de la Frontera, allá donde en su día había también carreras en circuito urbano. Hoy en el Mundial hay también Gran Premio de la Comunidad Valenciana, Gran Premio de Cataluña, Gran Premio de Aragón, todos en flamantes pistas permanentes. Y hoy, en un rincón de León, perdura el Gran Premio de La Bañeza, que no es de Mundial oficial, pero es de Mundial universal.

Oscar Falagán, 24 de agosto de 2017

Un pensamiento en “Un Gran Premio universal

  1. Oscar, bendita genética la que heredaste, gracias por tus comentarios, esta forma de sentir la carrera de nuestro pueblo sólo es explicable si desde la infancia se vive desde dentro y uno mama la ilusión y el enorme trabajo de su padre y el sacrificio que supone para todo su entorno familiar.
    Un fuerte abrazo.

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